Día: enero 31, 2014

“Las Relaciones con el Jefe”

Posted on Actualizado enn

Por Jorge García Barcenilla. Presidente del Comité de Empresa de la Residencia para Mayores ” Doctor González Bueno”

20140114_135242

A lo largo de mis más de veinte años de vida laboral, he tenido la suerte de coincidir con responsables o mandos, los coloquialmente llamamos “jefes”, que han sabido estar a la altura del cargo que desempañaban, e incluso en algunos casos, demostrando un compañerismo bastante difícil de encontrar hoy en día, incluso entre los iguales.

Cuando se plantea la idea de escribir un artículo sobre cómo deberían ser “las relaciones con el jefe”, lo primero que me viene a la cabeza es que desde la condición de trabajador, no resulta fácil escribir un artículo, en el que opinar sobre ello y, además, hacerlo con la mayor objetividad posible.

Esto es así, porque van y vienen ideas, que están conectadas con situaciones concretas, compartidas con algunos de los  jefes, que han pasado a lo largo de tu trayectoria profesional.

Por suerte, la memoria es selectiva y, al menos, en esta ocasión, trae a colación las relaciones que han supuesto un crecimiento profesional y, en las que los jefes han sido un buen ejemplo para sus equipos.

Sin embargo, no siempre se coincide con su manera de actuar, y no es fácil comprender y compartir algunos de los motivos, que les lleva a la toma de muchas de sus decisiones y actuaciones.

En ocasiones, ni siquiera existe un porqué de peso para no compartir una decisión, sencillamente, lo que ocurre es que la falta de comunicación o el que se transmita un mensaje equivocado o en el lugar inadecuado, hace que no se puedan compartir ni apoyar determinadas actuaciones.

Esto se ve agravado, la mayor parte de las veces, por la falta de motivación de los equipos, como consecuencia de la inexistencia de reconocimiento del trabajo bien hecho.

Estas, y otras, son las barreras que, a la hora de plasmar lo que debería ser “la relación con el jefe”, hacen que te asalte la subjetividad, tanto para subrayar lo positivo como lo negativo. Pese a ello, intentaré ser lo más imparcial posible.

Por centrarnos en un caso concreto, señalaré que actualmente mi puesto de trabajo está encuadrado en el sector de las residencias, teniendo como superiores a dos gobernantes y como mando inmediato, al jefe de equipo.

Dado el volumen tan alto de ocupación, la residencia requiere un alto número de trabajadores, con distintas categorías, distintos puestos y distinta posición jerárquica, dentro del organigrama. Cada uno con sus diferentes funciones y tareas, debiendo estar todo ello, correctamente coordinado para que el trabajo se realice con la calidad esperada. Es lo que ocurre en cualquier organización.

Esto puede generar, y de hecho genera, como en toda convivencia, un gran número de incidencias en las tareas, e incluso conflictos entre los trabajadores a lo largo de cada día, reflejándose negativamente en el trabajo y en el servicio que se presta.

Es en este punto, en el que los “jefes” deben jugar un papel importante, tanto de gestión como de liderazgo, puesto que ante las incidencias que se producen, deben hacer lo que considero que es, o debiera ser, una parte importante de su trabajo, “coordinar equipos”.

Por mi posición de presidente del comité de empresa, y como representante los trabajadores, cuando alguno de mis compañeros se dirige a mí con un problema, trato de asumir mi responsabilidad, que en cierto modo es la que debe de tener asumida la posición de “jefe”.

Lo primero que hago es “ponerme en sus zapatos” y tratar de transmitirle esa empatía necesaria para que, ese trabajador o trabajadora, sienta todo mi apoyo y comprensión en todo momento. Escuchar y analizar la situación, ayudando a buscar las soluciones más adecuadas.

Con la diferencia de que mi posición frente a la del “jefe” supone, en muchas ocasiones, la falta de capacidad en la toma de decisiones para solventar esas incidencias.

Si hay que decir cómo debe ser “la relación con el jefe”, quien escribe no es quien para enmendar la plana a nadie, sin embargo lo que siempre he pedido de un superior es seriedad, responsabilidad, capacidad de gestión y ecuanimidad.

Por supuesto,  capacidad de coordinar equipos de trabajo, imparcialidad, y sobre todas las cosas, que asuma que, independiente de su responsabilidad y función, debe ser compañero, porque se puede ser  jefe  y ser compañero. No me malinterpreten, me refiero a aquel jefe que es capaz de gestionar al equipo, dando ejemplo.

En muchos casos, lo que los trabajadores echamos en falta es esa empatía del superior hacia el trabajador, ese “ponerse por un momento en el lugar de la otra persona”, cuando las circunstancias lo requieren y “que se remangue” en los momentos críticos, sin perder de vista, la dirección, coordinación del equipo y el objetivo final.

De un tiempo a esta parte, en muchos casos el cansancio mental gana al físico, y con el ritmo de vida que llevamos, muchas veces, tendemos a encerrarnos en nuestros propios problemas, llegando a considerar que son los únicos y los más importantes. Esto también le ocurre a los “jefes”, son humanos. Pero ello no les debe impedir afrontar esas situaciones, en las que solo se les pide que escuchen. A veces, ya se sabe que no se tiene la solución, pero escuchar es bueno, y una parte de su trabajo, quizás sea “saber ser un poco psicólogo “.

A veces la solución a un problema surge escuchando, lo que permite el poder mitigar, aquellos problemas derivados del trabajo.

Creo sinceramente, que lo que debiéramos perseguir a diario, tanto los trabajadores como nuestros superiores, es que prime el trabajo bien hecho, la efectividad y la eficacia, máxime en un sector en el que atendemos a personas.

Si cuidamos a los trabajadores, los trabajadores cuidarán del cliente.

Y eso requiere, a mi juicio, que la armonía entre todos, prime sobre otros intereses. Este es el reto que yo me pongo cada mañana.

Os propongo a todos este mismo reto: Seamos capaces de conseguirlo y alcancemos “la relación con el jefe” que todos deseamos.

Anuncios