Cuando la vanidad puede hacer tambalear los principios éticos de la abogacía

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Por Laura M. Mollá Enguix  @lauramollaGMR. Abogada en GMR Management y Servicios Jurídicos SL

imagePese a que mi profesión es la de abogada, y mi campo de actuación principalmente en el derecho laboral, no considero que me deba definir como experta, pues con los cambios que está sufriendo el sector cada vez somos menos expertos y más estudiosos de las reformas.

El derecho laboral y en particular el Estatuto de los trabajadores, ha sido objeto de reformas constantes a lo largo de estos últimos cuatro años (y no quiero decir que no lo hubiera sido también con anterioridad, pues sonada fue la eliminación de los salarios tramitación en 2002 vía RD que posteriormente fue declarado inconstitucional), pero entre 2010 y 2014 las reformas las encontramos un sábado si, y otro también.

Dentro de este contexto de reformas, la crisis empresarial, fraudes laborales y últimas noticias de corrupción empresarial y política, nos encontramos con una pérdida de valores de la sociedad muy importante.

Y esta pérdida de valores afecta también a los profesionales.

En 1.919 D. Ángel Osorio y Gallardo, escribió El Alma de la Toga, y entre otras cosas, recogía la confusión que sobre nuestra profesión existe en la sociedad. Y yo añado, que también entre nosotros mismos.

Vista la fecha del libro, podríamos pensar que está “pasado de moda” y que no podemos hablar en estos momentos de una cualidades que han evolucionado, que no están actualizadas.

Yo opino todo lo contrario. Podemos evolucionar tecnológicamente, pero nuestra esencia como personas; nuestra profesión debe recoger siempre los valores de ética y humildad que nunca debimos perder.

En este contexto, me planteé escribir Vanitas Vanitatuminiciando mis pinitos como novelista, en un profesión conocida para mi desde el otro lado, como ávida lectora.

Es una novela con una trama jurídica, ambientada en el mundo empresarial y que tiene como época de desarrollo el periodo 2011-2012 cuando las reformas laborales eliminaron la necesidad de autorización administrativa para la tramitación de los expedientes colectivos.

¿Y por qué elegí ésta época?image

Pues porque ello me dio juego a incluir a dos funcionarios corruptos que aprovecharon su capacidad de decisión administrativa para instrumentar toda una serie de fraudes labores que fueron mermando las arcas del estado y enriqueciendo los bolsillos de todos los implicados.

Nuestro abogado protagonista, Fermín, deja de ser fiel a sus principios cuando la proposición que tiene encima de la mesa comporta una importante cantidad económica, y aquí es donde entra en juego la Vanidad, que da nombre al título de la novela.

En este caso, la moral del abogado, de la que nos hablaba Ángel Osorio en “El Alma de la Toga”, la que debe conformar el criterio del profesional, se queda a un lado, pasando a ser el objetivo de Fermín el triunfo de su cliente, al margen de la justicia.

Fermín, uno de los protagonistas de mi novela, pierde aquí también su independencia, dejando de ser un hombre libre y  quedando a merced de la Asociación empresarial que le ha contratado.

Otro de los legados que nos deja Ángel Osorio en su libro es una afirmación como No es abogado quien no tiene una delicada percepción artística.

.

El abogado debe tener inexcusablemente:

            * .

            * Unos cuantos libros de novela, versos, historia, crónica

Las novelas y los versos los recomendé porque son la gimnástica del sentimiento y del lenguaje.

Son para que el abogado amplíe el horizonte ideal y mantenga viva la renovada flexibilidad del lenguaje.

Un abogado debe ubicar los libros como articulo de primera necesidad y dedicar a su adquisición un cinco, un cuatro o un tres por ciento de lo que se gane, aunque para ello sea preciso privarse de otras cosas. Y si el abogado no puede alcanzar ni aún ese límite mínimo, que no ejerza. La abogacía es profesión de señores y, a la manera que el derecho dé sufragio, debe estar vedada a los mendigos. No se eche esto a cuenta de un orgullo mortificante, sino a la de una rudimentaria dignidad. Que diríamos de un médico que no tiene estetoscopio para auscultar. Pues apliquemos la alusión al abogado y tratémosle de igual manera.

Como vemos, un libro escrito en 1919, si lo leemos con detalle nos puede dejar muchas enseñanzas que hemos ido perdiendo a lo largo de los años.

He utilizado el “Alma de la Toga”, para resaltar algunos de los valores que los protagonistas de mi novela van perdiendo a lo largo de los capítulos. Pero “Vanitas Vanitatum no es más que una novela, con una trama jurídica, para pasárselo bien y disfrutar de la lectura. No pretende ninguna reflexión personal sobre la vanidad y la corrupción tan extendida en nuestra sociedad, y por desgracia tan asimilada para algunos.

Pero si quieres profundizar en el texto, estoy segura que encontrarás algunas actitudes en las que es más recomendable no caer.

¿Y qué más te puedo contar sobre la novela? Pues que bajo la apariencia de legalidad en el asesoramiento empresarial, subyace un complejo entramado de fraudes laborales en los que se verán implicados cargos políticos y del sector de la abogacía.

SINOPSIS DE LA NOVELA:

¿Puede la vanidad hacer temblar los pilares éticos de la abogacía?

Fermín, un abogado generalista que sobrevive como puede de su profesión, ve la oportunidad de destacar en el mundo jurídico con la propuesta de Julián.

Pero bajo la apariencia de legalidad en el asesoramiento empresarial, subyace un complejo entramado de fraudes laborales en los que se verán implicados cargos políticos y del sector de la abogacía.

Claudia, a quién le une una gran amistad con Fermín, se muestra escéptica ante el proyecto que va a liderar su amigo, pero poco a poco se van descubriendo ante ella las claves para destapar la estafa urdida por relevantes personalidades políticas.

Poder, dinero, relaciones personales inadecuadas…

La vanidad será el nexo de unión entre Fermín y Belén, la ambiciosa fiscal que lleva a cabo la investigación que destapará uno de los mayores fraudes laborales en el sector textil.

“Un político sin escrúpulos, el presidente de una asociación que se creía con el poder y un empresario que utilizando testaferros se habían prestado a todo este juego. Si a ello añadía unas compañías de seguros que habían adelantado el dinero a un elevado interés, y a un abogado corrupto, el cóctel era explosivo. El problema es que el abogado era él.

¡Espero que la disfrutes!

 

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