Inglaterra, Kant y el deber

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Por Emilio Gude @Emiliogude Adjunto a Dirección en Ceca Magán Abogados ( @CECAMAGAN ) Departamento Procesal.

Dedicado a Ángel Pena, por leerme siempre

EG mediosEl 21 de octubre de 1805, el Almirante Horatio Nelson ordenaba a su oficial de señales del HMS Victory, Teniente John Pasco, que enviase un mensaje a la flota congregada frente a la costa de Trafalgar y que iba a librar una de las batallas navales más recordadas de la historia. Aquel mensaje, recogido en su instante final en el cuadro de Turner, decía: “Inglaterra espera que todo hombre cumpla con su deber”.

Aquel mensaje fue recogido por las bitácoras de los barcos de la armada inglesa al terminar la batalla para saltar posteriormente al imaginario colectivo no sólo de la sociedad inglesa, sino de todo el mundo, como paradigma del deber. Se espera de nosotros que sin mayor recompensa cumplamos con nuestro deber.

Expresado de esta manera, reconocemos uno de los cuatro tipos de actos que Kant cataloga en su concepción del deber. La frase de Nelson se encuadra claramente en los actos cumplidos por deber. A modo de enunciado, Kant distingue cuatro tipos de actos respecto al deber, que se explican tradicionalmente con el ejemplo de un hombre que se ahoga:

Actos contrarios al deber: Una persona se está ahogando en el río y teniendo posibilidad de salvarlo, decido no hacerlo, porque le debo dinero y su muerte me librará de la deuda. He obrado por inclinación (interés, beneficio, conveniencia, amor, odio, orgullo, avaricia, simpatía….) esto es, no cumpliendo mi deber sino mi buscando mi interés

Actos de acuerdo al deber y por inclinación mediata: El que se ahoga en el río es mi deudor, si muere, no podré recuperar el dinero prestado. En este caso, el deber coincide con la inclinación. En este caso se trata de una inclinación mediata porque el hombre que salva es un medio a través del cual conseguiré un fin.

Actos de acuerdo al deber y por inclinación inmediata: Quien se ahoga es alguien a quien amo y quiero salvarlo. El deber coincidiría con la inclinación pero inmediata ya que la persona salvada no es un medio sino un fin en sí misma

Actos cumplidos por deber: El que se ahoga me da igual, no tengo inclinación posible hacia él pero mi deber es salvarlo y lo hago, contrariando mi inclinación. Este es el único caso en que Kant considera que se trata de un acto moralmente bueno, actos en los que se procede conforme al deber y no se sigue inclinación alguna.

Como decíamos Nelson espera que los marinos ingleses cumplan con su deber. No espera que lo hagan por su propia vida, por la victoria, por su país, o por la gloria, sino porque sencillamente es su deber.

Si trasladásemos estas categorías a nuestra empresa, nos encontraríamos con cuatro tipos de trabajadores:

     – Aquellos que no cumplen con su deber.

    – Aquellos que cumplen con su deber porque tienen interés en que la empresa obtenga buenos resultados que se traducirán en unas mejores condiciones para ellos mismos.

    – Aquellos que cumplen con su deber porque tiene interés no sólo en su bienestar sino que se sienten identificados con la empresa y vinculados con el proyecto de manera personal.

    – Y aquellos que cumplen con su deber sin otra implicación.

Contrariamente a Nelson, en mi organización querría a personas del tercer grupo. Aquellos que no cumplen sólo con su deber sino que además tienen un vínculo personal con la empresa, están involucrados en el proyecto y consideran que no sólo es un trabajo sino una manera de desarrollarse personalmente.

Lógicamente, tras este grupo querría a aquellos que cumplen su deber porque tienen un interés en mejorar a la empresa como medio para mejorar económica y profesionalmente.

Cualquiera de estos dos tipos de trabajadores, a mi entender, son más beneficiosos para la empresa que aquellos que sólo tienen como objetivo cumplir su deber y desde la organización se debe procurar crear las condiciones para que se produzcan esta serie de vínculos, de simbiosis entre el trabajador y la empresa. Cometeríamos un error si suponemos que sólo el deber establecido en un contrato, por el hecho de serlo, es un elemento suficiente hoy en día para la gente de nuestra organización, por más que dicho deber se corresponda con un alto grado de responsabilidad profesional. Debemos, estamos obligados como empresa, como organización, a crear un escenario donde la gente se sienta implicada, se integre en el tejido vital de la empresa y su proyecto. No es posible el éxito en la empresa sin profesionales implicados en todas sus áreas y funciones.

Permítanme, a modo de cierre, finalizar con el inicio de la “Oda al Deber” de William Wordsworth, un canto lleno de fuerza y vigor de algo, en principio, tan árido como el deber.

 

¡Severidad, hija de la voz de Dios!

¡Oh, deber! Sí, tú amas este nombre

que es una luz para orientar, una vara

para corregir lo errático, y reprender;

tú que eres la ley y la victoria

cuando los terrores vacíos sobrecogen;

nos liberas de las tentaciones vanas;

y calmas la contienda fatigosa de la quebradiza humanidad.

 

 

 

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