conciliación vida laboral y familiar

Lo de fuera es lo de dentro. Mediación familiar y empresa

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Por Eva Rodríguez Vindel . Psicóloga y Mediadora. Asociación Efecto Familia

EVA)Me gusta mucho la tendencia que he observado en ocasiones de sustituir la expresión “recursos humanos” por “recursos personales” a la hora de referirse a los empleados de una organización, porque los que trabajamos en ellas somos, por encima de todo, personas.

Así consideramos que las empresas responsables ven a sus trabajadores como aliados comunes en pos de unos objetivos cuyas relaciones se plantean a largo  plazo. Y como todo lo que es a largo plazo, se basa en la confianza, en la satisfacción y en la calidad del fruto que se obtiene.

De esta interpretación se derivan numerosas consecuencias. Una de las cuales es que las personas somos un todo y que resulta imposible escindir al cien por cien nuestra vida laboral de la familiar como si fuesen dos esferas independientes. Por eso, la tendencia de las políticas de las empresas se dirige a lograr la mejor conciliación posible, en aras de logar la mayor productividad y satisfacción del empleado, con el horizonte de la retención de su talento.

En buena lógica, una esfera familiar armoniosa repercutirá favorablemente en la esfera laboral de la persona y viceversa: un contexto laboral satisfactorio se reflejará de manera positiva en la vida personal.

En el primer caso, por ejemplo, dando como consecuencia trabajadores que pueden cumplir con sus responsabilidades porque su entorno familiar se lo permite, personas puntuales, concentradas, con ánimo de mejorar y de aprender.

En el segundo, ante un trabajo satisfactorio, la persona se sentirá realizada, ilusionada y predispuesta a progresar, por ejemplo, ampliando su formación.

La conciliación laboral y familiar cada vez abarca más aspectos, pues entre todos vamos acordando que el equilibrio entre ambos contextos es el objetivo de empleadores y empleados. Y en este 2014, Año Europeo de la Conciliación de la Vida Familiar y Laboral, me gustaría destacar los beneficios del bienestar familiar derivados de la mediación sobre el ámbito laboral.

La mediación familiar tiene por objetivo que los miembros de la familia lleguen a acuerdos para solventar posibles conflictos. Cuando los desacuerdos surgen en el contexto familiar, y visto desde una mirada sistémica, es inevitable que éstos influyan en otros contextos en los que se encuentra inmerso el individuo, entre ellos, la empresa.

La mediación como herramienta para alcanzar acuerdos permite a los implicados tomar parte activa en la resolución del conflicto y en las decisiones tomadas, siendo ellos quienes se responsabilizan del proceso y del resultado del mismo, promoviendo en las personas autonomía, responsabilidad y control sobre sus decisiones. De este modo, cuando las personas aplican en el contexto familiar técnicas de mediación constructivas, es inevitable que transfieran esta capacidad a su entorno laboral, alcanzando entre sus compañeros o con la dirección espacios de encuentro satisfactorios. Con ella se puede aprender que el conflicto existe, pero no se zanja necesariamente en términos de vencedores y vencidos, sino que hay maneras de evitar la frustración ante un problema tanto familiar como laboral.

Por otra parte,  una familia cuyos miembros están organizados es el entorno propicio para trazar puentes de conciliación laboral, por ejemplo, a la hora de aplicar políticas de teletrabajo, que tan buenos resultados están dando, tanto para organizaciones como para empleados. O para organizar racionalmente en el seno familiar un horario flexible de entrada y salida al trabajo. Y en este punto se establece un nuevo cambio de esfera: un empleo que permite compatible con el ámbito personal ofrece motivación y fidelización hacia quien contrata.

Cuando decimos que lo de fuera es lo de dentro, hacemos referencia a que lo que un trabajador lleva consigo cuando se incorpora a una organización queda, asimismo, dentro de la organización: tranquilidad, asertividad, empatía, capacidad de solucionar problemas, motivación, satisfacción.  Considerando el conflicto como algo inherente al ser humano, las organizaciones son conscientes de que sus empleados vienen de casa con, probablemente, más de un asunto por resolver que está influyendo en su productividad. Pues bien, siendo la mediación familiar una vía para poder alcanzar acuerdos que favorece el bienestar del individuo, permitiendo la continuidad de las relaciones entre sus implicados, mejorando la comunicación entre ellos, y resultando menos costosa que otras vías (no sólo económicamente, sino en términos de recursos personales, necesidad de permisos laborales, desgaste emocional…) no es sino un aliado de la empresa en términos de bienestar para sus trabajadores.

Por ello, la mediación familiar y lo que ésta nos aporta, no la situaremos en esta ocasión como algo único del contexto familiar, sino que la veremos como algo que las personas interiorizan y transfieren a otros ámbitos, un modo de actuar que llevan dentro. Y ya sabemos que lo de dentro, también es lo de fuera.

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La incidencia de los horarios comerciales en nuestras vidas

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Por J. R. Humada (@JRHumada)

horariosReflexionar sobre la incidencia que la ampliación o disminución de los horarios comerciales tiene sobre nuestras vidas, puede parecer “a priori” un tanto baladí y superfluo.

No obstante lo anterior, creo que merece la pena hacerlo, pudiendo afrontarlo desde una diversidad de enfoques, el económico, el sociológico referido a las de modificaciones de nuestros hábitos y costumbres, el laboral, y seguro que alguno más que se me escapa.

Sobre el enfoque económico, probablemente el más engorroso y farragoso de todos, hay suficientes estudios y análisis, y con una solvencia mucho mayor de la que yo pueda aportar, por lo que no me detendré demasiado en él, tan sólo lo justo para aportar algún dato que me ha llamado la atención.

Frente a la creencia generalizada, de que un mayor número de horas, o de días semanales de apertura, no aportaría ningún incremento a la demanda, parece ser que los estudios realizados con motivo de la ampliación al máximo de 90 horas semanales supondría un crecimiento del 0.19% de incremento de ésta, por cada hora de ampliación, eso sí, fijando el tope en 90, a partir del cual no hay incremento marginal apreciable.

Mientras que en el caso de la ampliación de los festivos este incremento es del 0.15% por festivo que se incrementa, no dándose, en este caso, ninguna limitación por el número de festivos que se amplíe.

Según este análisis, el posible impacto de una liberalización total de horarios en nuestro país, podría suponer, referido a 2012, un incremento del 1.95% del PIB, y un hipotético incremento del empleo en el entorno de los 400.000 nuevos puestos de trabajo.

Son datos que no entro a valorar, y que en un entorno de crisis económica, como la que estamos padeciendo, pueden verse muy seriamente alterados.

El segundo enfoque, referido a la modificación de nuestros hábitos y costumbres, se viene produciendo de manera constante desde hace algunos años, fundamentalmente desde la aparición y proliferación de las grandes superficies, para culminar en los actuales grandes parques comerciales y de ocio, que, al parecer, han reconvertido nuestra necesidad de surtirnos de productos de consumo, más o menos cotidianos, en una nueva forma de esparcimiento y ocupación del tiempo libre para un gran número de personas, todo ello, independientemente de la edad, y no me atrevo a afirmar que también de la condición social, pero si abarcando un amplio espectro en lo referido a la capacidad adquisitiva.

Esto está representando que los festivos de apertura se sitúen, con carácter general, en el tercer día de mayor venta de la semana, y en muchos casos en el segundo.

Parece evidente que las profundas trasformaciones sociales producidas en nuestra sociedad en un buen número de aspectos, pero de forma muy especial en el entorno familiar con la masiva incorporación de la mujer al trabajo, han afectado también a los hábitos de compra, con desplazamientos hacia los extremos de los tiempos de apertura en algunos casos, dado que las horas centrales pueden coincidir con el tiempo de trabajo de un importante número de personas, pero también, con un flujo constante debido a que, los horarios tradicionales de prestación del trabajo también se han visto modificados en un importante número de empleos y profesiones.

Todas estas trasformaciones y modificaciones, de buena parte de los parámetros y estándares, tanto en los empleos tradicionales, aunque menos en algunos de ellos, como, y sobre todo, en las nuevas profesiones, nos llevan a necesitar/desear disponer del mayor tiempo de apertura de los comercios para poder realizar nuestras compras con la mayor comodidad.

Pero, además de lo anterior, creo que se ha producido, con este tema, algo similar a lo que nos ha ocurrido con la telefonía móvil, que ha pasado de ser, en muchos casos, rechazada, a resultar indispensable que nos podamos comunicar en cualquier momento y lugar en que lo necesitemos o nos apetezca.

Creo que, con la posibilidad de comprar, nos ha ocurrido algo parecido, pasando de cubrir una necesidad, a tener la necesidad de poder comprar lo que nos apetezca, y de forma inmediata en el momento en que nos apetezca.

En estos aspectos, da la impresión que nos hemos pasado a ser una sociedad compulsiva e inmediatista, convirtiendo necesidades, reales pero aplazables, en imperativas y de atención instantánea.

En lo referido a los aspectos laborales del tema, todos los cambios efectuados en los en los roles sociales, y con ellos en los hábitos de consumo, provocan, al menos dos efectos, ambos con componentes negativos para los empleados del sector.

De un lado, los variables flujos de afluencia de clientes provocan que, para alcanzar las cotas óptimas de productividad, las empresas estén cambiando el paradigma de empleo a tiempo completo y con jornada continuada, por empleo a tiempo parcial, y del que queda a tiempo completo, con sus  jornadas partidas y grandes espacios entre las prestaciones de las mismas.

Este doble efecto, unido a la apertura de los 365 días del año, 363 para ser exactos, representa una implosión de las estructuras familiares tradicionales, con un impacto muy negativo en la conciliación de la vida laboral y familiar, máxime si ambos cónyuges están empleados en el sector del comercio.

Para ir concluyendo, 90 horas semanales durante las 52 semanas del año, es posible que representen un importante beneficio para la economía nacional y para el crecimiento del empleo, esto representa 12´85 horas diarias de apertura comercial durante prácticamente todos los días del año.

Esto parece concordar bien con nuestra condición de consumidores acomodados a tener a nuestro alcance lo que deseamos y justo en el momento en que lo deseamos. Pero todo ello incide negativamente en nuestra condición de trabajadores deseosos de una vida familiar en la que poder gozar de tiempo para disfrutarlo con nuestro entorno, pareja, hijos, incluso amigos.

Cuadrar ese círculo aparece, cuanto menos, una tarea ardua y difícil de alcanzar, tan sólo el esfuerzo y la voluntad de las partes, administración, empresas y trabajadores, abandonando todos posiciones maximalistas hará posible que la liberalización de los horarios comerciales que se está realizando de forma constante, además de resultar beneficiosa para la economía, el empleo y las empresas, permita conciliar nuestros intereses, a veces contrapuestos, como consumidores, y empleados de un sector en constante crecimiento.

Hijos de la Mediación

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Mediación Siglo 21 ha lanzado una campaña de divulgación sobre las ventajas de la mediación familiar en procesos de separación o divorcio con hijos.

Su preocupación por el bienestar superior de los menores, y apostando por el proceso de mediación como el contexto idóneo donde resolver las rupturas familiares, han elaborado un breve, pero contundente vídeo, donde explican que si las cosas se hacen bien, los hijos de padres separados no tienen por qué padecer secuelas por motivo de la ruptura, ni en el plano afectivo ni en el emocional.

Os dejamos el vídeo en la confianza de que sea de utilidad, ya una adecuada mediación familiar también influye en una correcta conciliación de la vida laboral y familiar

CLAVES PARA GESTIONAR TU TIEMPO EN EL TRABAJO

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Laura Puyol Gil. Psicóloga Instituto Motivacional Estratégico. www.imotiva.es

lauraaaaaNos hemos acostumbrado a pasar gran parte de nuestro tiempo trabajando. Hagamos lo que hagamos en la oficina, siempre queda mucho por hacer.

Estamos tomando prestado el tiempo a nuestra familia y a nuestros amigos. Nos estamos olvidando de nosotros mismos, de nuestra salud física y emocional, por hacer aquello que irremediablemente tiene que estar finalizado cuanto antes.

Si eres uno de esos que trabajas, trabajas y trabajas, quizás te interesa profundizar en qué es la gestión del tiempo y en qué te puede ayudar. Y es que, de entre todas las actividades que llevamos a cabo durante la jornada laboral, probablemente, pasamos por alto una de las más importantes, la organización de nuestro tiempo.

Si tenemos en cuenta que el tiempo es un recurso insustituible, que no se puede detener ni almacenar, podemos así tomar conciencia de la importancia de una buena gestión del mismo. El tiempo pasa, y no se detiene ante nosotros esperando a que decidamos qué queremos hacer con él.

El gestionar adecuadamente nuestro tiempo nos ayudará a alcanzar nuestras metas de una manera más sencilla. Disfrutaremos de un reparto equitativo del mismo dedicando parte de él a otras actividades que nos resulten gratificantes, como pasar tiempo con nuestra familia o pasear por el parque al atardecer.

¿Cómo conseguir gestionar nuestro tiempo? Es importante, en primer lugar, establecer nuestras prioridades, y en base a ellas fijarnos uno objetivos realistas y concretos, basados en intereses personales. Las prioridades y los objetivos de cada uno varían, por lo que es un trabajo personal valorar las alternativas con las que uno cuenta y darles un valor según su importancia.

Una vez hemos constatado lo que es importante para nosotros, analizaremos qué podemos hacer para conseguirlo, estableciendo para ello unas actividades concretas. A partir de aquí, distribuiremos nuestra lista de actividades, en función de nuestro tiempo.

Perfecto, ya tenemos nuestros objetivos en base a unas prioridades personales. Ya tenemos una lista de tareas concretas y las hemos distribuido en nuestra agenda. Pero, ¿Por qué es tan difícil cumplir con los objetivos que nos planteamos a diario? ¿Por qué constantemente surgen imprevistos que nos obligan a cambiar de rumbo?

En ocasiones somos muy ambiciosos a la hora de planificar nuestras actividades y nos marcamos un plan de día imposible de cumplir. A veces, puede ser que nos olvidemos dejar un hueco en nuestra agenda para aquellas cuestiones rutinarias que se presentan todos los días en el trabajo. Si en mi planificación diaria no dejo ni un minuto libre para comer, tomar café o atender al teléfono, por ejemplo,  es previsible que no la consiga cumplir al final del día.

Otra posibilidad es que no estemos teniendo en cuenta a los ladrones de tiempo más habituales, aquellos que impiden que hagamos nuestro trabajo durante la jornada y nos obligan a quedarnos hasta altas horas de la noche hipotecando nuestra vida personal y familiar.

¿Cuántas veces hemos dejado una tarea importante a medias sin tomar conciencia del tiempo que requiere volver a concentrarse para ser, de nuevo,  productivo?, ¿Cuántas veces hemos trabajado con el teléfono móvil en la mesa del despacho atendiéndolo compulsivamente y distrayéndonos una y otra vez?, ¿Cuántas veces hemos abierto y cerrado el correo y nos hemos perdido con mensajes de publicidad o de amigos personales?.

Podemos, por ejemplo, guardar un hueco a media mañana o antes de comer para revisar el teléfono y el correo. Y es que el distraernos cada dos por tres con la nueva tecnología nos dificulta y mucho la realización de nuestro trabajo.

Pensemos también en los compañeros de trabajo. Hay muchas personas que prefieren dejarse trabajo para casa y hacerlo los fines de semana, algunos se quedan hasta tarde en la oficina para trabajar cuando todos los demás se han marchado, otros confiesan que trabajan mejor en el tren de camino a la oficina que en el despacho mismo. El común denominador de todos ellos es la necesidad de trabajar en soledad.

¿Cuántas veces has estado concentrado en una actividad y has sentido como una y otra vez te interrumpen tus compañeros con el consiguiente esfuerzo por tu parte de volver a centrarte en lo que estabas haciendo? ¿Cuántas veces has sentido como propia la inquietud de un colega por solucionar un asunto dejando de lado tus propias obligaciones laborales? Y es que hay veces que colocar en la puerta de nuestro despacho un cartel que diga “No molestar, estoy trabajando” no es tan mala opción.