MediaciónSanitaria

La Mediación por una sanidad más humana

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Por Ana I. Sánchez Martín. Vicepresidenta y Vocal de Mediación Sanitaria de la Asociación Madrileña de Mediadores – A.M.M.

Ana SanchezLos avances de la Medicina y la Sanidad en su conjunto son imparables, y en el momento presente están en una fase de expansión producto de la investigación acumulada en los anteriores cincuenta años.

Gracias a nuevas terapias, técnicas y aparataje, el éxito en el tratamiento y curación de enfermedades ha experimentado un avance sin precedentes, haciendo que, lo que hasta hace pocos años era incurable o un gran riesgo para el paciente, hoy sea práctica cotidiana y hasta rutinaria, como los trasplantes, cirugías cardiacas, intervenciones quirúrgicas óseas e implante de prótesis, y otras muchas, que sin duda el lector conoce y le vienen a la memoria.

Pues bien, todos estos beneficios de la moderna Medicina, en ocasiones quedan empañados por una despersonalización de la relación médico/personal sanitario con el paciente. Es el fenómeno de la “cosificación” del enfermo, el cual deja de ser una persona en toda su dimensión, para convertirse en “la cama 35”, “la historia 23/2014” o “el aislado del Box 1 por gripe A”, pasando a ser el destinatario de un protocolo de actuación para su dolencia o patología concreta y que está establecido con el objetivo de atender de manera uniforme y lo más igualitariamente posible a cada enfermedad, sin que se corra el riesgo de que se olvide u omita una prueba importante para esa patología específica.

Sin embargo, desde hace un rato, concretamente desde que el paciente ingresó en el Centro Hospitalario, ha dejado de ser Antonio, esposo, padre, hermano, además de buen taxista. Eso sí, el personal cuando se dirige a él le llama ANTONIO, en tono alto de voz, como si fuese sordo o estuviese desorientado, pese a que él no da muestras de ninguna de las dos cosas.

El médico que le atiende lo hace de forma rutinaria, mediante cuestionario preestablecido para la causa por la que ha ingresado, pero no se presenta, no se identifica como médico especialista, no tiene un gesto de amabilidad una simple sonrisa o una mirada cercana. Bien al contrario le observa como a un espécimen de laboratorio, de forma muy profesional y científica, pero robotizada.

El paciente se interesa por el significado de alguna de sus respuestas, a lo que el médico-robot le contesta con un seco “depende del resultado de las pruebas”, pero en ocasiones es tal la saturación que el autómata-médico sólo se encoge de hombros, sumiendo al paciente que se llamaba Antonio, antes del ingreso, en una zozobra y desasosiego que en nada ayuda a mejorar su estado de salud.

Finalmente, tras multitud de pruebas, se determina la dolencia, se decide que el paciente quede ingresado para aplicarle el tratamiento adecuado.

Ahora es la familia la que desea información sobre la enfermedad y la terapia para su esposo, padre y hermano, solicitándola al médico que parece que es el que le va a “llevar”.

La primera información es aséptica, correcta en las formas pero exenta de cercanía. Carente de un tono que transmita confianza o esperanza. Es eso sólo una información.

Hospital 1Pasan los días, Antonio sigue ingresado, ya le ha sido aplicado el tratamiento o terapia. Ahora la información es más parca y distanciada en el tiempo. El médico informa a la familia tarde, fuera de la hora de información, ya se sabe: guardias complicadas, falta de tiempo, motivos muy conocidos y corrientes para el médico y el personal sanitario, pero no para los familiares y el propio paciente, que no conocen los hábitos e interioridades del día a día de un Hospital, entre otras cosas porque ninguno ha necesitado nunca una hospitalización.

Antonio parecía que se estaba recuperando a buen ritmo de su dolencia, que el tratamiento estaba dando sus resultados y todo estaba marchando según lo previsto. Sin embargo, una noche el paciente empeora súbitamente, al extremo de estar en riesgo de muerte. Los médicos y personal sanitario hacen todo lo que está en su mano, y consiguen que Antonio salga del trance, aunque manteniéndose grave.

La familia, tras el lógico susto, pide explicaciones al médico del por qué del empeoramiento. El médico explica, pero no convence, pues está informando ya en una actitud defensiva en prevención de posibles reclamaciones posteriores.

Los familiares del paciente, empiezan a desconfiar del tratamiento, además muchas de las cosas que les ha dicho no las han entendido, y la actitud del médico no les ha inspirado confianza pues le ha parecido que no les ha dicho toda la verdad sobre la causa del empeoramiento de Antonio.

En días posteriores hay una actitud de alerta de los familiares y ante cualquier actuación del personal sanitario, si parece distinta a la de otros días, preguntan qué pasa y por qué hacen eso. Esta actitud molesta al personal que está trabajando y cumpliendo sus funciones correctamente.

Finalmente, se produce un enfrentamiento entre un miembro del personal de enfermería y la familia, lo cual da lugar a que los familiares amenacen con poner una “Reclamación”. La amenaza no se concreta, pues tras reflexionar, los parientes de Antonio temen que si ponen la reclamación la atención hacia el enfermo va a ser peor.

Y con el médico aparece el conflicto cuando este les atiende en el pasillo, dando una información parca y muy restrictiva, y siempre en actitud de tener prisa.

Hospital 2

Antonio se recupera poco a poco, pero el empeoramiento que sufrió le ha dejado unas secuelas ajenas a la enfermedad que le aquejaba y motivo por el que ingresó. Por todo ello, la familia echa la culpa al médico y a una negligencia, en tanto que este afirma que se ha tratado de un efecto adverso del tratamiento y que él y todo el equipo han hecho todo lo posible para salvar la vida del paciente.

Al final, el paciente y la familia denuncian al médico por negligencia y este no vuelve a hablar con ninguno de ellos. Teniendo los Tribunales de Justicia que resolver la controversia.

¿Cómo podría haber ayudado contar con un Servicio de Mediación en el Centro Hospitalario?

En primer lugar, cuando apareció la DESCONFIANZA de la familia hacia el Médico, podría haberse dirigido al Servicio de Mediación a exponer sus inquietudes, y el Mediador, de forma conciliadora podría haber hecho llegar al Médico el sentimiento de la familia, propiciando un encuentro para aclarar dudas y suspicacias.

En segundo lugar, ante la CONFRONTACIÓN con el miembro del personal de enfermería, el Mediador habría concertado un encuentro que permitiera poder explicarse a dicha persona, a la vez que la familia tuviera ocasión de destensar la situación para una mejor relación en el trato diario con este personal.

Y finalmente, la DENUNCIA por negligencia se habría evitado con la primera intervención del Mediador cuando surgió la desconfianza, ya que la familia habría conocido en detalle las razones y formas de actuación del facultativo y no albergaría dudas sobre su intervención.

La Mediación en el ámbito sanitario es, si cabe, más útil y necesaria que en resto de actividades, pues existe una dependencia del paciente y sus familiares respecto a la actuación de los profesionales, y dado que el sanitario es un medio, de suyo, de estrés y ansiedad, por la preocupación que la enfermedad provoca, no debe verse agravado por inquietudes extras como denuncias, abogados, juicios y gastos, que en todo caso en nada van a ayudar a la mejora y curación del paciente, ni a la actuación entregada y no defensiva de los profesionales sanitarios.

Por todo ello, la Mediación debe ser un Servicio más de la Sanidad, pues contribuye a la salud del ánimo de cuantos participan en la realización de funciones sanitarias y de sus destinatarios: pacientes y familiares.

 

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