Opinión

“Las Relaciones con el Jefe”

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Por Jorge García Barcenilla. Presidente del Comité de Empresa de la Residencia para Mayores ” Doctor González Bueno”

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A lo largo de mis más de veinte años de vida laboral, he tenido la suerte de coincidir con responsables o mandos, los coloquialmente llamamos “jefes”, que han sabido estar a la altura del cargo que desempañaban, e incluso en algunos casos, demostrando un compañerismo bastante difícil de encontrar hoy en día, incluso entre los iguales.

Cuando se plantea la idea de escribir un artículo sobre cómo deberían ser “las relaciones con el jefe”, lo primero que me viene a la cabeza es que desde la condición de trabajador, no resulta fácil escribir un artículo, en el que opinar sobre ello y, además, hacerlo con la mayor objetividad posible.

Esto es así, porque van y vienen ideas, que están conectadas con situaciones concretas, compartidas con algunos de los  jefes, que han pasado a lo largo de tu trayectoria profesional.

Por suerte, la memoria es selectiva y, al menos, en esta ocasión, trae a colación las relaciones que han supuesto un crecimiento profesional y, en las que los jefes han sido un buen ejemplo para sus equipos.

Sin embargo, no siempre se coincide con su manera de actuar, y no es fácil comprender y compartir algunos de los motivos, que les lleva a la toma de muchas de sus decisiones y actuaciones.

En ocasiones, ni siquiera existe un porqué de peso para no compartir una decisión, sencillamente, lo que ocurre es que la falta de comunicación o el que se transmita un mensaje equivocado o en el lugar inadecuado, hace que no se puedan compartir ni apoyar determinadas actuaciones.

Esto se ve agravado, la mayor parte de las veces, por la falta de motivación de los equipos, como consecuencia de la inexistencia de reconocimiento del trabajo bien hecho.

Estas, y otras, son las barreras que, a la hora de plasmar lo que debería ser “la relación con el jefe”, hacen que te asalte la subjetividad, tanto para subrayar lo positivo como lo negativo. Pese a ello, intentaré ser lo más imparcial posible.

Por centrarnos en un caso concreto, señalaré que actualmente mi puesto de trabajo está encuadrado en el sector de las residencias, teniendo como superiores a dos gobernantes y como mando inmediato, al jefe de equipo.

Dado el volumen tan alto de ocupación, la residencia requiere un alto número de trabajadores, con distintas categorías, distintos puestos y distinta posición jerárquica, dentro del organigrama. Cada uno con sus diferentes funciones y tareas, debiendo estar todo ello, correctamente coordinado para que el trabajo se realice con la calidad esperada. Es lo que ocurre en cualquier organización.

Esto puede generar, y de hecho genera, como en toda convivencia, un gran número de incidencias en las tareas, e incluso conflictos entre los trabajadores a lo largo de cada día, reflejándose negativamente en el trabajo y en el servicio que se presta.

Es en este punto, en el que los “jefes” deben jugar un papel importante, tanto de gestión como de liderazgo, puesto que ante las incidencias que se producen, deben hacer lo que considero que es, o debiera ser, una parte importante de su trabajo, “coordinar equipos”.

Por mi posición de presidente del comité de empresa, y como representante los trabajadores, cuando alguno de mis compañeros se dirige a mí con un problema, trato de asumir mi responsabilidad, que en cierto modo es la que debe de tener asumida la posición de “jefe”.

Lo primero que hago es “ponerme en sus zapatos” y tratar de transmitirle esa empatía necesaria para que, ese trabajador o trabajadora, sienta todo mi apoyo y comprensión en todo momento. Escuchar y analizar la situación, ayudando a buscar las soluciones más adecuadas.

Con la diferencia de que mi posición frente a la del “jefe” supone, en muchas ocasiones, la falta de capacidad en la toma de decisiones para solventar esas incidencias.

Si hay que decir cómo debe ser “la relación con el jefe”, quien escribe no es quien para enmendar la plana a nadie, sin embargo lo que siempre he pedido de un superior es seriedad, responsabilidad, capacidad de gestión y ecuanimidad.

Por supuesto,  capacidad de coordinar equipos de trabajo, imparcialidad, y sobre todas las cosas, que asuma que, independiente de su responsabilidad y función, debe ser compañero, porque se puede ser  jefe  y ser compañero. No me malinterpreten, me refiero a aquel jefe que es capaz de gestionar al equipo, dando ejemplo.

En muchos casos, lo que los trabajadores echamos en falta es esa empatía del superior hacia el trabajador, ese “ponerse por un momento en el lugar de la otra persona”, cuando las circunstancias lo requieren y “que se remangue” en los momentos críticos, sin perder de vista, la dirección, coordinación del equipo y el objetivo final.

De un tiempo a esta parte, en muchos casos el cansancio mental gana al físico, y con el ritmo de vida que llevamos, muchas veces, tendemos a encerrarnos en nuestros propios problemas, llegando a considerar que son los únicos y los más importantes. Esto también le ocurre a los “jefes”, son humanos. Pero ello no les debe impedir afrontar esas situaciones, en las que solo se les pide que escuchen. A veces, ya se sabe que no se tiene la solución, pero escuchar es bueno, y una parte de su trabajo, quizás sea “saber ser un poco psicólogo “.

A veces la solución a un problema surge escuchando, lo que permite el poder mitigar, aquellos problemas derivados del trabajo.

Creo sinceramente, que lo que debiéramos perseguir a diario, tanto los trabajadores como nuestros superiores, es que prime el trabajo bien hecho, la efectividad y la eficacia, máxime en un sector en el que atendemos a personas.

Si cuidamos a los trabajadores, los trabajadores cuidarán del cliente.

Y eso requiere, a mi juicio, que la armonía entre todos, prime sobre otros intereses. Este es el reto que yo me pongo cada mañana.

Os propongo a todos este mismo reto: Seamos capaces de conseguirlo y alcancemos “la relación con el jefe” que todos deseamos.

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Es el momento de “dar un paso adelante” y sacar lo mejor de ti

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Jorge García Barcenilla. @GIORGIOBARCE Presidente del Comité de Empresa de la Residencia para Mayores “Doctor González Bueno”

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A día de hoy, casi tres años después, y tras haber vivido encierros, manifestaciones, asambleas y otros avatares, me pregunto por qué tomé la decisión de presentarme a las elecciones sindicales de mi centro de trabajo. Unas elecciones, que me han llevado a ser el Presidente del Comité de Empresa de la Residencia para Personas Mayores “Doctor González Bueno” con 600 usuarios y 300 trabajadores.

La respuesta a mi pregunta es simple y complicada a la vez, lo hice por mis compañeros, lejos de buscar cualquier tipo de relevancia, protagonismo y/o notoriedad.

No me caracterizo por ser un líder nato, ni pretendo serlo, pero hay momentos en esta vida en los que es necesario “dar un paso adelante” y sacar lo mejor de ti, estés donde estés y hagas lo que hagas.

En mi caso, ese paso no está siendo “un camino de rosas”, sino todo lo contrario.

Durante este periodo, hemos tenido que trabajar mucho y dedicar mucho esfuerzo y mucho tiempo; en ocasiones, sacrificando parte de la vida personal y, a veces, sin poder alcanzar aquello que se perseguía. Sin embargo, esto se ve recompensado con los pequeños logros que se consiguen fruto de superar esos baches.

Estamos viviendo tiempos difíciles, de crisis y recortes, que están originando un malestar social y en el que las “conquistas”, a veces, sólo se limitan a mantener el empleo en condiciones dignas.

Por ello, es esencial lograr la total implicación y complicidad entre los trabajadores y sus representantes, para que colaborando juntos podamos afrontar todos aquellos obstáculos que vamos encontrando en el camino y que tenemos que recorrer diariamente.

El trabajo en equipo y la comunicación es fundamental y, más en estos momentos complicados, en que, en ocasiones, te da por pensar en dejarlo todo.

Son esos momentos en que te mueves en la disyuntiva de abandonar el barco, pero a la vez saber que no debes hacerlo, por responsabilidad y lealtad hacia la confianza que se ha depositado en ti.

Precisamente es en esos momentos de contradicción, cuando el compañerismo y el apoyo son el “empujón” que te hace seguir hacia delante con la fuerza y el impulso necesarios.

Escuchar los consejos de tus compañeros, sus opiniones y sus demandas son la mejor manera de resolver lo que se presenta y así poder alcanzar el objetivo común.

Que la situación del país revierta y volvamos a ser los de antes, puede parecer una utopía, pero desde mi trabajo y como Presidente del Comité de Empresa trato de aportar, día a día, mi granito de arena, con el fin de mejorar, por poco que sea, ese ambiente de trabajo que se está viendo afectado, en muchas ocasiones, de manera muy negativa, por esos factores sociales  de los que se derivan consecuencias como el “no llego a fin de mes”, “no puedo pagar la hipoteca” o el “no sé si me despedirán”, entre otras …

Sin embargo, y, a pesar de todo, creo que es posible avanzar si trabajamos juntos, en la misma dirección y por un fin común.

SR. MINISTRO, TOMENOS EN SERIO, POR FAVOR

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SR. MINISTRO, TOMENOS EN SERIO, POR FAVOR

PIZARRAArtículo de Opinión. Por Milagros Muñoz @muxi_milita

Que nos tratan cómo “tontos” es comentario unánime.

De acuerdo, estamos en un pozo que parece no tener fondo e intentamos salir de él, pero sin los medios necesarios es complicado.

La soga que nos enreda, y de la que además pendemos, se ha ido recortando y además se está deshilachando, no soportará mucho más peso. Esta es la causa de que cada uno vayamos buscando acomodo, más donde se puede, que dónde se quiere.

Teniendo en cuenta que esta afirmación es válida para quienes aún tienen o tenemos la “suerte” de continuar enredados en la soga, pobres de aquellos a los que se les ha roto definitivamente y viven a la deriva, de la caridad familiar, del flaco subsidio o de la caridad pública, en situación de exclusión social o camino de ella.

En este estado de desánimo generalizado, llega el todo poderoso Ministro de Hacienda, a quien le debemos subidas del IRPF y, por tanto, reducción de nuestros salarios, y subidas del IVA que tampoco ayudan a incrementar nuestro poder adquisitivo, y Don Cristóbal Montoro tiene la desfachatez de afirmar con rotundidad, “Los salarios no bajan, moderan la subida”.

La indignación llega a las redes y cuándo éstas van subiendo el tono e invitando a qué la pizarra que éste solicita para explicar tales afirmaciones, la utilice para practicar más restas que sumas, en los excesivos gastos de un aparato del estado que se nos come por los pies, la patronal le corrige y reconoce que los sueldos seguirán bajando en 2013.

Sr. Montoro, confío que estas pobres reflexiones de una trabajadora de a pie, le ayuden a tomarnos en serio, y con ello, también, a tomarse en serio su importante responsabilidad, y no sólo no hacer tontas afirmaciones que se caen por su propio peso, sino a contribuir, de forma seria, a que la cuerda no se rompa y deje de ahogarnos. Es una súplica, pero también una exigencia a su responsabilidad como Ministro.